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viernes, 26 de abril de 2013

LA NECESIDAD DE LLEVAR LIBROS A LA GRAN PANTALLA





Buenos días o tardes ya, bueno vengo a dar opinión como siempre, yo no soy imparcial asi que acostumbraros.

La necesidad de llevar libros a la gran pantalla cada vez es mayor, para mi es totalmente innecesario, entiendo que hay q¡gente que no lee mucho y el hecho de ver ya sea en una serie o una película un historia les hace interesarse y muchos de ellos acaban leyendo los libros, en este sentido me parece una buena manera de acercar la lectura a aquellos a los que les cuesta mas interesarse por ella. Pero realmente a los que ya estamos aficionados a la lectura la mayoría de las veces nos destrozan los libros. Es realmente difícil crear una película basada en un libro manteniendo todo lo bueno del libro y ademas añadiéndole lo bueno de la imagen. Por lo que la mayoría de veces la cagan en alguno de los dos sentidos.
En primer lugar la percepción personal de cada uno cuando leemos nos lleva a escenario o a conocer a personajes de una manera totalmente personal. Cuando en un libro nos describen un lugar, nuestra mente lo dibuja a su gusto es casi imposible describir un lugar y que todo el mundo lo imagine exactamente igual a menos que sea un lugar conocido, si nos dicen en un libro que estan delante del museo de louvre, pues obviamente todos veremos en nuestra mente la imagen exacta, pero que pasa cuando describen un paisaje, una mansión, una casa, una calle desconocida? Lo que ocurre es que nuestros gustos salen a flote dándoles cuerpo con nuestra imaginación, al llevar esto a la pantalla ya no hay opción a esa libertad de decisión propia de adecuar la imagen a nuestro gusto o imaginación.
Este es un pequeño ejemplo.

Os describo una casa: era una casa preciosa, con la fachada de piedra, y rodeada de verde por todas partes.
















Las imágenes anteriores encajan con esta descripción cierto? Pero vosotros os habeis hecho una imagen de otra totalmente distinta. Y cuando el director productor o guionista deciden elegir una casa que encaje con la descripción que da el libro, y a su vez sea adecuada al publico al que ira dirigido y quede bien en pantalla elegirán otra.

igual pasa con los personajes. Descritos como: moreno, ojos oscuros, alto, …
cuanta gente hay con estas características? Pero en nuestra mente hemos creado a nuestro protagonista propio.
Este es el menor de los problemas al pasar un libro a pantalla. Pero que ocurre con la historia en si?

Esos momentos en los que el protagonista piensa y nos describen sus pensamientos, en la pantalla se traduce en una mirada pensativa, o en otros casos en un flashback.
Y lo que en el libro es una historia muy interesante en la película se puede traducir en esto lo eliminamos por que sobran minutos. O no es conveniente llevarlo a la pantalla por cualquier otra cosa.

En el caso de los libros que yo suelo leer realmente seria dificil su paso a la gran pantalla, ya que serian ñoñerias mediado cursis, o bien un libro erotico tendrian que eliminar escenas.... cosa que destrozaría la historia o tendría que ser clasificado x.

Realmente creo que hay libros que no deberían ser nunca guiones, no por que no lo merezcan si no por que perderían todo lo bueno que tienen.


La lectura potencia la imaginación, la película te hace ver lo que la imaginación de alguien creo pero no te da la opción a crear la tuya propia.
La lectura te absorbe durante horas y horas y horas, horas de entretenimiento que te da un libro escrito por un autor que se lleva una ínfima parte de lo que merece por las horas dedicadas a dicho libro. Y que en muchas ocasiones no es reconocido. La película si esta bien hecha te da 1:30 de entretenimiento. A cambio cada actor recibe una cantidad de dinero y prestigio en muchos casos excesivo. Y tardas 0, en olvidar la película.

Mucho cuidado yo no estoy en contra, hay muchas películas basadas en novelas que no solo merecen reconocimiento si no que son obras maestras, lo eran en papel y lo son en pantalla. Pero en los últimos tiempos tengo que decir que no han sabido hacerlo, la mayoría de las películas basadas en novelas que merecen la pena se consideran antiguas o ya incluso clásicos.


Por favor!! autores!!! no dejéis que destrocen vuestras obras a cambio de una linea la cartelera: basado en la obra escrita por xxxx no merece la pena! Dejadnos disfrutar! Dejadnos imaginar! Dejadnos vivir las historias que escribís.

OPINIÓN PERSONAL SOBRE AUTORES QUE HAN TENIDO SUERTE Y APOYO.



Bueno todos conocemos los libros top ventas ! y todo el mundo pone sus criticas normalmente cuando son top ventas son buenas criticas, pero pensemos por un momento en todos aquellos autores que lo intentaron y por falta de apoyo o medios no llegaron tan alto a pesar de que sus libros lo merecían.
a que viene esto?
pues bien siendo como soy una devoradora de libros y habiendo leídos muchísimos libros eróticos y con temática bdsm me encuentro en las librerías con un supuesto super libro que a arrasado en todos los países, cuando leo la sip me doy cuenta que ya lo leí recién traducido por Internet y me encuentro con que dentro de esta misma temática y estilo de escrituras hay muchísimos escritores y libros que han significado mucho mas para mi pero estos son anónimos para el resto del mundo. por que ocurre esto?
os daréis cuenta de que no estoy dando datos nombres o títulos pero todos sabréis a que libro me refiero. 
es una buena novela? si.. esta bien... demasiado idealista quizás dentro de la temática es uno de los libros mas idealistas que e leído... refleja realmente el mundo bdsm? .. para el publico vainilla supongo que si,. e incluso puedo imaginarme que para este publico algo mas realista seria igual demasiado duro o demasiado... como decirlo... daría a la escena bdsm una imagen demasiado dura. pero seria la real. por que este libro a tenido el éxito que a tenido? y sin embargo muchísimos otros se han quedado simplemente en las webs para descargar? pues la simple razón es la facilidad de comercialización de dicho libro. con esto no quiero decir que todo aquel que haga libros comerciales sea malo ni mucho menos, y es posible que este libro haya abierto una pequeña puerta a los libros con la misma temática pero al fin y al cabo por muy bueno que sea un escritor si quiere que su libro sea conocido necesita muchos apoyos, un editor interesado, una editorial que se arriesgue a poner un gran capital para vender ese libro y mucho mucho mas apoyo que yo desconozco pero se que no es fácil. 


aun así esta entrada es un poco para dar el reconocimiento que merecen a todos esos autores que no consiguieron ese apoyo. y en este caso hablo de bdsm que a lo mejor tiene un riesgo mayor para dar a conocer un libro de esta temática, pero lo mismo pasa con el resto de temáticas, 

vampiros, todos sabemos esa gran saga que a arrasado. me gustaron los libros si, pero realmente merecían el éxito que tuvieron por encima de otros muchos libros anteriores de la misma temática? eso es mas discutible. en el caso de Anne Rice por ejemplo consiguió un gran apoyo y sus libros lo merecían. en el caso de la otra ``gran´´ saga para mentes adolescentes.. pues hombre si consideramos el publico al que va dirigido quizá si lo merecía... pero aun así me cuesta ver ese merito. 

una gran frase que decimos mucho en mi casa: hay que tener amigos hasta en el infierno.
y esto es lo que a salvado a todos estos autores del olvido, tener amigos en todas partes y con suficiente poder para publicar sus libros, y que pasa con todos aquellos AUTORES que no tenían tantos amigos, o estos no eran demasiado poderosos? que se quedan en el ``olvido´´ parea el publico general, gracias a dios las comunidades de lector@s de Internet no los olvidan.




y yo veo muchísimo mas merito en un autor o autora que a pesar de no haber traducido sus libros en este caso para la población hispano hablante tienen fans repartidos en todo el mundo gracias a estas grandes comunidades que dedican su tiempo a la traducción, veo mucho mas merito en todos esos escritores a los que a pesar de no dominar el ingles ni mucho menos e comprado sus libros en ingles por que los leí de una traducción ``pirata´´ y me parece que merecía la pena comprar ese libro. que el autor se había ganado el dinero que cuesta el libro. 
yo casi preferiría que tuviesen un pequeño buzón de donaciones y dárselo a ellos directamente dado que del dinero gastado en un libro al autor le llega una ínfima parte.. pero bueno eso es otro tema.

lo dicho. no todo aquello que es top ventas, o todo aquello que se pone en el escaparate de cualquier tienda no merece ese puesto. simplemente alguien decidió apostar por ellos por encima de muchos otros. y como es la ``novedad´´ aun que sea una simple ilusión ya que no es ni el primero ni el mejor del genero es bueno. no tiene por que . y esta es una llamada a todos aquellos lectores ávidos. cuando no tengáis nada que leer y ya hayáis leído esos top ventas, buscad en Internet libros de la misma temática, comprarlos y luego opinad sobre si el gran libro del año se merece ese titulo.

viernes, 27 de enero de 2012

El Principe Cuervo


Érase una vez, en un país muy lejano, un duque empobrecido que vivía con sus tres hijas.Ahora bien, las tres hijas del duque eran igualmente hermosas. La mayor tenía el pelo oscurísimo, tanto que brillaba con visos negros y azules; la mediana tenía unos rizos de color fiero como el fuego, que enmarcaban una cara de piel blanca como la leche, y la menor era dorada, toda ella, pelo, cara y figura, por lo que parecía bañada por la luz del sol. Sin embargo, de estas tres doncellas, sólo la menor poseía la bondad de su padre. Se llamaba Aurea.


La tierra colindante al este de la del duque estaba gobernada por un poderoso príncipe, un hombre que no temía ni a Dios ni a ningún mortal. Este príncipe era cruel, además de codicioso. Le envidiaba al duque la munificencia de su tierra y la felicidad de su gente. Un día, el príncipe formó un gran ejército e invadió el ducado, asolando la tierra y saqueando las casas, hasta que su ejército quedó rodeando las murallas del castillo ducal. El anciano duque subió a las almenas y contempló el mar de guerreros que se extendía desde el pie del castillo hasta el horizonte. ¿Cómo podría derrotar a un ejército tan poderoso? Lloró por su gente y por sus hijas, a las que sin duda violarían y matarían. Cuando estaba así atenazado por la desesperación, oyó una voz rasposa:

—No llores, duque. Aún no está todo perdido.


El duque se giró hacia la voz y vio un inmenso cuervo posado sobre el parapeto. El pájaro se le acercó de un salto y ladeó la cabeza.

—Te ayudaré a derrotar al príncipe si me das en matrimonio a una de tus hijas.

El duque se estremeció de indignación.

—¿Cómo te atreves? Me insultas al insinuar que yo llegaría a pensar siquiera en casar a una de mis hijas con un polvoriento pájaro.

—Bonitas palabras, amigo mío —dijo el cuervo, riendo—. Pero no te des tanta prisa. Dentro de un momento vas a perder a tus hijas y tu vida.

El duque contempló al cuervo y vio que no era de ninguna manera un pájaro corriente. Llevaba al cuello una cadena de oro de la que colgaba un rubí con la forma de una pequeña y perfecta corona. Miró nuevamente hacia el ejército que amenazaba a sus puertas y, comprendiendo lo poco que tenía que perder, aceptó el impío convenio.


En el instante en que el duque aceptó su proposición, el cuervo se elevó en el aire con un potente movimiento de las alas. Al mismo tiempo, como por arte de magia, por la puerta de la torre del homenaje salió un ejército. En primer lugar lo hizo un batallón de diez mil hombres armados con espadas y escudos. A estos los siguieron diez mil arqueros, con largos y letales arcos y las aljabas llenas de flechas. Por último, salieron diez mil jinetes, con sus caballos haciendo rechinar los dientes, listos para la batalla.

El cuervo voló para colocarse a la cabeza del ejército, que se lanzó contra los soldados del príncipe y el choque sonó como un trueno. Nubes de polvo cubrieron a los dos ejércitos, por lo que era imposible ver algo. Solamente se oían los espantosos gritos de los hombres luchando.

Y cuando finalmente se disipó la polvareda, no quedó ni rastro del ejército del príncipe, aparte de unas cuantas herraduras de hierro sobre la tierra.


La gente del castillo bailaba y gritaba de júbilo. Ya estaba derrotado el enemigo y no había nada que temer. Pero cuando se hallaban en medio de la celebración llegó volando el cuervo, de vuelta, y se posó en el suelo delante del duque.

—He hecho lo que prometí y derroté al príncipe. Ahora dame mi premio.

¿Cuál de las hijas aceptaría ser su esposa? La mayor exclamó que no desperdiciaría su belleza entregándosela a un horrible pájaro. La del medio alegó que puesto que el ejército del príncipe ya estaba derrotado, ¿para qué cumplir la promesa? Solamente la pequeña, Aurea, se mostró dispuesta a sostener el honor de su padre.

Esa misma noche, en una ceremonia, la más extraña que hubiera presenciado nadie jamás, Aurea se casó con el cuervo. Y tan pronto como fue declarada su esposa, él la invitó a montar en su espalda y emprendió el vuelo y se alejó, con su esposa aferrada encima.


El enorme cuervo voló con su flamante esposa montada a su espalda durante dos días y dos noches. Al tercer día pasaron por encima de campos dorados por el trigo maduro.

—¿De quién son estos campos? —preguntó Aurea, contemplándolos.

—De tu marido —contestó el cuervo.

Después pasaron por encima de una extensa pradera, que parecía infinita, toda ella cubierta por reses gordas cuyas pieles brillaban al sol.

—¿De quién son esos rebaños? —preguntó Aurea.

—De tu marido —contestó el cuervo.

Entonces pasaron por encima de un inmenso bosque color esmeralda, que se extendía ondulante por colinas y colinas hasta más allá de donde alcanzaban a ver los ojos.

—¿De quién es este bosque? —preguntó Aurea.

—De tu marido —graznó el cuervo.


El cuervo continuó volando con Aurea otro día y otra noche, y todo lo que ella vio durante ese tiempo le pertenecía a él. Aurea intentaba entender tanta riqueza, tanto poder, pero escapaba a su comprensión. Su padre sólo había tenido el dominio sobre una pequeña fracción de las personas y tierras que poseía ese pájaro. Finalmente, al cuarto atardecer, vio un magnífico castillo, todo hecho de mármol blanco y oro. Los reflejos del sol poniente sobre él eran tan brillantes que le hicieron doler los ojos.

—¿De quién es ese castillo? —preguntó en un susurro, y un vago miedo le llenó el corazón.

El cuervo giró su enorme cabeza y la miró con un brillante ojo negro.

—De tu marido —contestó, riendo.


El cuervo dio una vuelta en círculo planeando por encima del brillante castillo blanco y, mientras lo hacía, de las murallas salieron volando veintenas de pájaros: zorzales, carboneros, gorriones, estorninos, petirrojos, chochines y otros. Les dieron la bienvenida todos los cantos de pájaros que Aurea conocía y muchos que no conocía. El cuervo aterrizó y se los presentó como a los leales componentes de su séquito y personal de servicio. Y aunque el cuervo tenía la capacidad del habla humana, esos pájaros más pequeños, no.

Ese anochecer, los pájaros criados llevaron a Aurea a un magnífico comedor. Allí vio una larga mesa espléndidamente puesta con exquisiteces con las que sólo había soñado. Suponía que el cuervo iba a cenar con ella, pero él no apareció, así que comió totalmente sola.

Después la llevaron a una hermosa habitación, y allí encontró un camisón de vaporosa seda ya dispuesto para ella sobre la enorme cama. Se lo puso, se metió en ella y al instante se quedó profundamente dormida, en un sueño sin sueños.

A medianoche, cuando todo estaba absolutamente oscuro, a Aurea la despertaron unos apasionados besos. Estaba adormilada y no veía nada, pero las caricias eran dulces, suaves. Se dio la vuelta en la cama y sus brazos rodearon el cuerpo de un hombre. Él continuó acariciándola y besándola de una manera tan exquisita, que ella no se dio ni cuenta cuando le quitó el camisón. Entonces él le hizo el amor, en un silencio solamente interrumpido por los gritos de éxtasis de ella. Él se quedó toda la noche con ella, adorando su cuerpo con el suyo. Cuando se acercaba la aurora ella volvió a quedarse dormida, inundada, repleta, de pasión. Pero cuando despertó por la mañana, su amante de la noche ya no estaba. Se sentó en su inmensa y solitaria cama y lo miró todo por si encontraba alguna señal de él. Lo único que logró ver fue una pluma del cuervo, y entonces pensó si su amante habría sido simplemente un sueño.


Aurea vivía en el castillo de su marido cuervo y fueron transcurriendo los meses, muchos meses. Durante el día se entretenía leyendo en los cientos de libros iluminados de la biblioteca del castillo o dando largas caminatas por el jardín. Al anochecer se daba festines con las exquisiteces con las que sólo había soñado en su vida anterior. Tenía hermosos vestidos para ponerse y valiosísimas joyas para adornarse. A veces la acompañaba el cuervo, apareciendo repentinamente en las salas donde estaba o reuniéndose con ella durante la cena sin previo aviso. Aurea fue descubriendo que su marido poseía una mente amplia e inteligente, y la fascinaba con sus conversaciones.

Pero ese enorme pájaro negro siempre desaparecía antes que ella se retirara a sus aposentos para pasar la noche. Y todas las noches, cuando ya estaba oscuro, llegaba el hombre desconocido a su cama y la acariciaba y le hacía el amor de una manera exquisita.


Y así fueron pasando los días y las noches como en un sueño, y Aurea estaba contenta. Tal vez incluso se sentía feliz. Sin embargo, pasados varios meses comenzó a sentir el deseo de ver a su padre. El deseo fue aumentando, aumentando, hasta que todos sus momentos de vigilia empezó a sentir la nostalgia de ver la cara de su padre, y se tornó desasosegada y triste. Una noche, durante la cena, el cuervo dirigió su brillante ojo negro a los de ella y le preguntó:

—¿Cuál es la causa de esa aflicción que noto en ti, esposa mía?

—Deseo volver a ver la cara de mi padre, milord —suspiró Aurea—. Le echo de menos.

—¡Imposible! —graznó el cuervo y se marchó sin decir ni una sola palabra más.

Aun cuando nunca se quejaba, Aurea echaba tanto de menos a su padre que dejó de comer, y sólo probaba alguno que otro bocado de las exquisiteces que le ponían delante. Comenzó a adelgazar y a consumirse hasta que un día el cuervo ya no pudo soportarlo. Entró aleteando enérgicamente en su habitación.

—Ve, entonces, a visitar a tu padre, esposa —dijo—. Pero no dejes de volver dentro de dos semanas, porque yo perecería pensando en ti si estuvieras ausente más tiempo.


Así pues, Aurea fue a visitar a su padre. Viajó en un coche dorado tirado por cisnes voladores, y llevó muchas cosas hermosas para agasajar a su familia y amistades. Cuando sus hermanas mayores vieron los maravillosos regalos que había llevado a casa la hermana pequeña, sus corazones, en lugar de henchirse de gratitud y placer, se llenaron de envidia y despecho. Poniendo en común las ideas que pasaban por sus hermosas y frías cabezas, las dos hermanas empezaron a interrogar a Aurea acerca de su nuevo hogar y de su extraño marido. Así, poco a poco, se fueron enterando de todo: de las riquezas del palacio, de los criados alados, de las exquisitas y exóticas comidas y, lo más importante, del silencioso amante nocturno. Al oír eso último, sonrieron, ocultando sus sonrisas tras sus blancas manos, y comenzaron a plantar las semillas de la duda en la cabeza de su hermana menor.


¿Quién era ese amante?, preguntaron las hermanas, con las frentes arrugadas por la falsa preocupación. ¿Por qué nunca lo había visto a la luz del día? Y puesto que no lo había visto nunca, ¿cómo podía estar segura de que era un ser humano? Tal vez el que compartía su cama era un monstruo tan horrible que no podía dejarse ver a la luz del día. Tal vez ese monstruo la dejaría embarazada de un hijo suyo, y entonces daría a luz a un ser tan horrible que era imposible imaginárselo. Cuanto más escuchaba Aurea a sus hermanas, más se inquietaba, hasta que llegó el momento en que no supo qué pensar ni qué hacer.

Y entonces fue cuando las hermanas le sugirieron un plan.


Así fue como Aurea voló de vuelta en su magnífico coche dorado dándole vueltas en la cabeza al plan de sus hermanas.

El cuervo recibió a su esposa casi con indiferencia. Aurea se sirvió una espléndida cena con él, le deseó las buenas noches y se fue a su habitación a esperar a su sensual visitante.

De pronto él estaba ahí a su lado, más deseoso, más exigente en sus caricias de lo que lo había visto nunca antes. Sus atenciones la dejaron adormilada y saciada, pero se mantuvo firme en suplan y se esforzó en continuar despierta hasta que oyó la respiración apacible de su amante profundamente dormido. Entonces, se sentó con sumo cuidado, para no hacer ningún ruido, y a tientas buscó la vela que había dejado sobre su mesilla de noche.


Con la mayor cautela, Aurea encendió la vela y con ella en alto se giró hasta situarse encima del cuerpo de su amante, a cierta distancia. Al verlo se le quedó atrapado el aire en la garganta, agrandó los ojos e hizo un leve movimiento ante la sorpresa. Fue un movimiento muy leve, pero bastó para hacer caer una gota de cera caliente del borde de la vela sobre el hombro del hombre. Porque era un hombre, no un monstruo ni un animal; un hombre de piel blanca y tersa, extremidades largas y fuertes y pelo negro, negrísimo. El abrió los ojos y Aurea vio que también eran negros. Unos ojos negros penetrantes e inteligentes que en cierto modo le resultaban conocidos. Sobre su pecho brillaba un colgante; este tenía la forma de una pequeña y perfecta corona con unos brillantes rubíes incrustados.


El hombre que estaba a su lado en la cama la miró y luego dijo, dulcemente, con mucha tristeza:

—Así pues, esposa mía, no has sido capaz de dejar las cosas en paz. Aplacaré tu curiosidad, entonces. Soy el príncipe Niger, el señor de estas tierras y de este palacio. Una maldición me hace adoptar la forma de ese horrible cuervo durante el día y ha convertido en pájaros a todos los que forman mi séquito y personal. Mi atormentador añadió una cláusula a la maldición: si lograba encontrar una dama que aceptara libremente casarse conmigo podría vivir como hombre desde la medianoche hasta las primeras luces del alba. Tú fuiste esa dama. Pero ahora llega a su fin nuestro tiempo juntos. Pasaré el resto de mis días en ese odiado cuerpo alado y todos los que me siguen están condenados a eso también.


Aurea miraba horrorizada a su marido. Entonces, por la ventana del elevado palacio entraron los primeros rayos del sol del amanecer, iluminaron al príncipe y su cuerpo comenzó a encogerse y estremecerse con movimientos convulsivos. Los anchos y lisos hombros se fueron encogiendo, encogiendo, mientras su ancha y elegante boca se estiraba hacia delante, endureciéndose, y los dedos de sus fuertes manos se convirtieron en delgadas y deslustradas plumas. Y mientras iba apareciendo el cuervo las paredes del palacio se estremecieron y temblaron hasta que se disolvieron y desaparecieron. Entonces, en medio de un bullicioso batir de alas, el cuervo y los pájaros que formaban su séquito y personal se elevaron hacia el cielo.

Aurea se encontró sola. Se quedó sin ropa, sin alimento, sin techo y sin siquiera agua en una árida y desierta llanura que se extendía en todas las direcciones hasta donde podían ver los ojos.


Sola en ese desierto sinfín, Aurea lloró desconsolada por todo lo que había perdido. Pasado un buen rato comprendió que su única esperanza era encontrar a su marido desaparecido y redimirse ella y redimirlo a él. Así pues, emprendió la búsqueda del príncipe Cuervo.

El primer año lo buscó por las tierras del Este. Allí vivían animales y personas raros, pero nadie había oído hablar del príncipe Cuervo. El segundo año recorrió las tierras del Norte. Allí unos vientos helados gobernaban a la gente desde el amanecer hasta la noche, pero nadie había oído hablar del príncipe Cuervo. El tercer año exploró las tierras del Oeste. Allí había opulentos palacios que se elevaban hasta el cielo, pero nadie había oído hablar del príncipe Cuervo. El cuarto año navegó hasta el más lejano Sur. Ahí el sol ardía demasiado cerca de la tierra, pero nadie había oído hablar del príncipe Cuervo.


El quinto año de su búsqueda, ya avanzada una lluviosa noche, Aurea iba a trompicones atravesando un bosque lúgubre, tenebroso. Unos delgados harapos le cubrían escasamente el cuerpo, tenía ampollas en los pies descalzos, estaba extraviada y agotada. El único alimento que tenía era un trozo de pan seco. De pronto, en medio de la negra oscuridad, vio brillar una parpadeante luz. La luz provenía de una diminuta choza que se alzaba sola en el centro de un claro. Golpeó. Se abrió la puerta y apareció una anciana desdentada y encorvada, casi doblada en dos por la edad, y la invitó a entrar.

—Uy, cariño —graznó la anciana—, esta es una noche muy fría y húmeda para estar sola. Entra a compartir el calor de mi lumbre, por favor. Pero me temo que no tengo nada de comer para ofrecerte. Mi mesa está vacía. Ay, qué no daría yo por tener algo para comer.

Al oír eso, Aurea sintió compasión por la anciana. Hurgó en el bolsillo, sacó su último trozo de pan y se lo ofreció.


Aurea y la anciana se repartieron el trozo de pan y lo comieron sentadas junto al fuego del pequeño hogar. Cuando Aurea estaba tragando el último bocado, se abrió la puerta y entró un hombre alto y huesudo. El viento cerró de un golpe la puerta después que él entró.

—¿Cómo te va, madre? —dijo, saludando a la anciana.

Volvió a abrirse la puerta y entró un hombre con los pelos de punta, como los vilanos del diente de león.

—Buenas noches tengas, madre —dijo.

Entonces entraron otros dos hombres, sus espaldas azotadas por el viento. Uno era alto y bronceado, el otro gordo y de mejillas rubicundas.

—Hola, madre —saludaron al unísono.

Los cuatro hombres se sentaron junto al fuego, y mientras lo hacían, se agitaron las llamas y el polvo giró como un remolino alrededor de sus pies.

La anciana miró a Aurea sonriendo, enseñándole las encías sin dientes.

—¿Ya has adivinado quien soy? —le preguntó—. Ellos son los Cuatro Vientos y yo soy su madre.


La anciana volvió a sonreír al ver la expresión sorprendida de Aurea.

—Mis hijos recorren las cuatro esquinas de la Tierra. No existe hombre ni animal ni pájaro al que no conozcan. ¿Qué es lo que buscas?

Aurea les contó la extraña historia de su matrimonio con el príncipe Cuervo, lo de su séquito y sirvientes alados y lo de su búsqueda de su marido perdido. Los tres primeros Vientos negaron con la cabeza, pesarosos; no habían oído hablar del príncipe Cuervo. Pero el Viento Oeste, el hijo alto y huesudo, pensó un momento y luego dijo:

—Hace un tiempo, una pequeña alcaudón me contó una extraña historia. Me dijo que hay un castillo en medio de unas nubes en el que los pájaros hablan con voces humanas. Si quieres, te llevaré allí.

Entonces Aurea montó a la espalda del Viento Oeste y le rodeó firmemente el cuello con los brazos, no fuera a caerse, porque el Viento Oeste vuela más rápido que cualquier pájaro.

El Viento Oeste voló con Aurea hasta un castillo posado en las nubes alrededor del cual giraban los pájaros. Cuando ella bajó de su espalda, un cuervo gigantesco se posó a su lado y se convirtió en el príncipe Niger.

—¡Me has encontrado, Aurea, mi amor! —exclamó.

Mientras el príncipe hablaba, los pájaros fueron bajando del cielo y uno a uno fueron transformándose nuevamente en hombres y mujeres. Se elevó un fuerte grito de júbilo entre los fieles acompañantes del príncipe. Al mismo tiempo se disolvieron las nubes que rodeaban el castillo y se vio que este estaba enclavado en la cima de una inmensa montaña.

Aurea estaba aturdida por la sorpresa.

—¿Cómo es posible esto? —preguntó.

El príncipe sonrió, y sus ojos brillaron negros como el ébano.

—Tu amor, Aurea. Tu amor ha anulado la maldición.


viernes, 12 de marzo de 2010

Quiero escribir

No para publicarlo, no para hacerme famosa, ni siquiera necesito que alguien lea lo que escribo. Solo necesito escribirlo, pero no se como, no tengo formación académica relacionada con la literatura, pero tengo la cabeza llena de ideas, es terrible, veo personajes, sus actitudes, sus problemas sus preocupaciones, veo acciones, veo argumentos, veo finales, y cuando creo que tengo claro lo que estoy viendo, y empiezo a hacer conexiones y a formar un esquema medianamente claro sobre la historia se acabo.
He leído blogs, foros, libros, artículos…. De todo… muchos te intentan hacer un esquema de cómo empezar , te recomiendan apuntar de esta manera o de esta otra, e intentado seguirlos, sin ningún éxito.

Cada vez que me digo, < venga! Vamos a ello, siéntate y escribe.> No sale nada.
Tengo cuadernos y archivos repletos de personas, con pasado, con detalles muy exactos algunos, otros más básicos, pero no soy capaz de empezar a escribir y conseguir algo coherente.
Si me decido por un pequeño relato, acabo con demasiada información y muy poco espacio en el que introducirla, y si me decido a escribir sin limite acabo escribiendo apenas 10 folios en los que la historia a terminado.

Tengo mas de 37 archivos de Word de entre 10 y 15 paginas cada uno en los que la historia comienza. También se me ocurrió empezar por la mitad, viendo que empezar por el principio no me ayudaba nada, empezaba con un hecho que marcaría la historia e intentaba continuar desde este punto hacia los extremos, tampoco funcionaba.

Se que las respuestas a esto solo son dos: déjalo, o sigue intentándolo.
Pero estoy cansada, la cabeza me da vueltas, cuando empiezo a montar mis historias en la mente necesito escribirlas necesito ponerlas en algún lugar en un diario en un blog en cualquier parte para que salgan de mi cabeza pero nunca son ni minimamente plausibles.

No pido ayuda, simplemente estaba en otro de mis arranques soñar escribir algo y buscando por Internet leí esto, y decidí contar, es decir ESCRIBIR mi ``experiencia.´´

Si estas pensando en empezar a escribir, deja pensarlo, inténtalo, si no te sale olvídate por que la tortura auto infligida no funciona. Por lo menos no a mi.